Cultura y Comunidad
Curacautín, Chile
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Curacautín | 9ª Fiesta de San Francisco de Manchuria
2025.
En el corazón del campo curacautinense, la comunidad de Manchuria celebró una de sus tradiciones más queridas: la Fiesta de San Francisco, un encuentro que une fe, cultura y tradiciones rurales.
Entre sabores locales, artesanías, música en vivo y actividades familiares, esta fiesta es también un momento de agradecimiento y bendición por la cosecha y el nuevo año.
Un recorrido llena de identidad, comunidad y alegría.

Hay quienes señalan que su origen respondió a una búsqueda creativa en una época en que todo estaba por inventarse, cuando se intentaba sorprender con las primeras “animaciones” realizadas por personas sobre una azotea. Aun hoy, más de un siglo después, sigue cautivando a realizadores y audiencias, pese a su exigente tiempo de producción y altos costos. Hay algo profundamente humano en su minuciosidad: cada gesto, cada sombra, cada segundo construido con las manos.
Volviendo a su origen, los primeros pasos de esta técnica se remontan a inicios del siglo XX, cuando Albert E. Smith y J. Stuart Blackton sorprendieron al público con The Humpty Dumpty Circus, un pequeño filme donde juguetes articulados cobraban vida. Para esos años, la idea de que objetos inmóviles pudieran moverse por arte de fotograma era poco menos que magia.
Pero el verdadero giro poético y también inquietante, según algunos críticos de la época, llegó con Ladislas Starevich, un entomólogo fascinado por el cine. Unió ciencia, biología y arte para crear cortometrajes protagonizados por insectos disecados, dotándolos de expresiones y movimientos que rozaban lo fantástico. Algunos espectadores lo consideraron extraño, incluso morboso; sin embargo, su obra marcó un antes y un después. Para muchos, Starevich fue el primer gran narrador del stop motion, el que entendió que la técnica podía ser un vehículo para la emoción, no sólo para el truco.
Décadas más tarde, el rumbo de esta animación daría un salto colosal gracias a Ray Harryhausen, maestro de criaturas imposibles. Con paciencia casi monástica, modeló y animó monstruos que se volvieron parte del imaginario del cine fantástico: esqueletos que luchaban con espadas, colosos mitológicos, dinosaurios enfrentados a vaqueros. Su trabajo no sólo asombró a generaciones; inspiró a los grandes estudios modernos a mantener viva esta forma de animación.
Y así, mientras el cine avanzaba hacia lo digital, el stop motion siguió abriéndose camino. Por estos días, su vigencia se aprecia en producciones contemporáneas como Pollitos en fuga, que conquistó al público mezclando humor, emoción y figuras moldeadas a mano. La técnica también ha florecido en nuevos estudios que combinan tecnología con artesanía, demostrando que su encanto no se desgasta con los años.
El stop motion es, en esencia, un homenaje al tiempo. Un recordatorio de que la imaginación puede doblar la realidad cuadro a cuadro. Desde juguetes de madera hasta gallinas fugitivas hechas de plastilina, esta técnica ha cruzado generaciones manteniendo intacta su capacidad de asombro. Del pasado al presente, su evolución no sólo cuenta la historia del cine: cuenta la historia de cómo seguimos buscando nuevas maneras de animar nuestros sueños.
En el reciente Encuentro de Buenas Prácticas y Trabajo Comunitario realizado en Temuco, surgieron reflexiones que invitan a mirar con atención la manera en que nos vinculamos en los territorios. Más allá de las metodologías o los diagnósticos, las y los participantes se hicieron una pregunta esencial: ¿qué hace realmente efectivo el trabajo barrial?La respuesta no es única, pero todos coincidieron en que el propósito de fondo sigue siendo el bienestar colectivo y la construcción de comunidades más fuertes y acompañadas.
El diálogo permitió revisar nuestro rol como instituciones que llegan a los barrios. ¿Cómo participamos sin reemplazar a la comunidad? ¿Cómo representamos un trabajo que no se hace desde arriba, sino desde la convivencia diaria? Apareció entonces una idea compartida: la prevención y el fortalecimiento del tejido social no se construyen en soledad. Necesitan de la colaboración constante entre vecinas, vecinos y equipos que trabajan en terreno.
También surgieron barreras que muchas veces quedan fuera de la conversación pública: la geografía que dificulta los encuentros, las diferencias culturales dentro de un mismo territorio, las historias locales que pesan tanto como las presentes. Se habló de cómo, con el tiempo, lo que alguna vez se resolvía colectivamente ha ido adquiriendo un tono individualista: “mi problema, mi mal”. Esta transformación ha debilitado el valor de la vecindad, que antes sostenía la vida cotidiana con una solidaridad casi natural.
Algunas participantes recordaron cómo las organizaciones comunitarias, como las juntas de vecinos, fueron perdiendo credibilidad. No por falta de importancia, sino por la distancia que fue creciendo entre la identidad jurídica y la identidad real del barrio. Esto nos lleva a una pregunta mayor: ¿todos los niveles de gobierno comprenden la participación de la misma manera? Probablemente no. Y esa diferencia se vuelve aún más evidente cuando se incorporan factores como la interculturalidad, el género y las dinámicas de la vida diaria.
Hubo quienes señalaron que la participación se ha convertido, en ciertos contextos, en una especie de “modelo prefabricado”, casi como un kit que solo requiere armarse. Falta profundidad, falta tiempo, falta escucha. Para que la participación funcione de verdad, debe surgir del propio territorio: de quienes viven ahí, de sus preguntas, de sus preocupaciones y de sus formas de resolver la vida.
Otro punto crítico fue la falta de coordinación entre instituciones que actúan en los mismos barrios. Cuando no existe vínculo ni conocimiento mutuo, las acciones se duplican, no convocan y terminan desgastando recursos y energías. La comunidad percibe ese desgaste, y eso debilita aún más la confianza en el trabajo público.
El encuentro concluyó con una invitación honesta a revisar el sentido de la participación ciudadana. No como un trámite ni como un requisito, sino como una herramienta viva que necesita volver a sus raíces. Recuperar el capital social, la identidad colectiva y la noción de que el bienestar del barrio nos involucra a todos. Tal vez no esté perdido; quizá solo requiere ser recordado, valorado y puesto nuevamente en el centro de la vida comunitaria.

En nuestra sección de Análisis y Opinión, Luis Esteban Muñoz aborda las implicancias de esta sencilla pregunta que, sin embargo, no todos se hacen.
" ¿Todo es cultura? ¿Todo puede llegar a ser patrimonio?
Son preguntas que, con el paso del tiempo, han ido tomando fuerza, especialmente cuando miramos hacia atrás y tratamos de reconocer en los vestigios del pasado, las huellas que dieron forma a la sociedad que hoy habitamos... "
“Y seremos pobres, y hasta felices a veces, pero queremos lo mismo que tú”. – Sara Tiyá.
En ciertos contextos, la sociedad tiende a idealizar la vida de quienes luchan por sobrevivir. Se romantiza la resiliencia, como si enfrentar la escasez fuese un acto heroico, y no la consecuencia de un sistema desigual. Para algunos, esa narrativa es peligrosa y hasta simplista: reduce la pobreza a un estado casi poético, cuando en realidad significa carencias profundas y derechos postergados.
Se repite, además, la idea de que querer mejorar la vida material es sinónimo de codicia. Que gastar el sueldo en una lavadora, un televisor o reparar la casa es un lujo innecesario. El consejo fácil: “mejor que esa gente busque en lo usado, en ferias o en redes sociales como Marketplace”. Como si aspirar a dignidad fuese un exceso.
Durante décadas, se nos enseñó que la clase media era el motor de la sociedad, la base del progreso y la estabilidad. Sin embargo, en los últimos años ese pilar se ha ido resquebrajando. La desigualdad económica crece, la educación se empobrece —contenidos cada vez más superficiales, más vacíos— y las políticas públicas parecen más enfocadas en contener que en transformar. Se gastan millones en programas que no llegan a los campamentos, mientras las familias siguen esperando soluciones reales.
No es algo nuevo. El humor de los años 90 ya ironizaba sobre esta realidad: “erradicar rucos es tan tonto como inútil”, decían. Y como recordaba Quino en boca de Mafalda, cuando preguntaba: “¿Qué hacemos con los pobres?”, Susanita respondía con brutal frialdad: “Esconderlos”.
Las cifras actuales confirman esa lógica. Según datos del Hogar de Cristo, solo en Santiago se gastan cerca de 4 mil millones de pesos al año en operativos para desalojar los llamados rucos. Recursos que no resuelven el problema, apenas lo barren debajo de la alfombra. Para dimensionar: con ese dinero, en cuatro años se podrían construir 12 Centros de Salud Familiar, 200 viviendas sociales o 20 jardines infantiles.
La pregunta que queda flotando es incómoda: ¿de verdad las políticas públicas buscan erradicar la pobreza, o solo administrarla para que no moleste? Tal vez la respuesta esté en lo que “los de arriba” esperan de esta sociedad: una pobreza silenciosa, controlada, que no incomode, pero que tampoco desaparezca.


¿Qué sabemos sobre este ícono local que adorna nuestra plaza central? ¿Qué significan sus tallados? ¿Cuántos años tiene? son algunas de las preguntas que se abordan en este interesante artículo.































Una reciente investigación da cuenta del poder de la poesía (y la posibilidad de compartirla) en la lucha contra emociones negativas tales como la soledad o el dolor de perder a un ser querido.
En nuestro programa La Cultura Contigo en radio Curacautín recibimos a unos invitados especiales: la notable agrupación Música en mi Jardín, con quienes conversamos sobre su historia, sus proyectos y reflexionamos en torno a la música y su vinculación con las infancias.

El pasado jueves 5 de octubre un grupo de artistas de Curacautín y Lonquimay viajaron a la región de Coquimbo, específicamente a la ciudad de Andacollo, con el objeto de compartir su arte y sus experiencias con la comunidad que los recibió.
Allí fuimos testigos del gran trabajo realizado por la Escuela de Talentos Andacollinos, liderada por Andrea Campusano y Gilbert Durán, quienes actulamente viven en Curacautín.
El grupo pudo compartir con artistas locales y conocer en primera persona el esfuerzo y dedicación de Andrea y Gilbert en el territorio que hasta hace poco habitaron.
Ya de vuelta en Curacautín, no sólo quedan las ganas de volver, sino que también la certeza de que este es el camino para que los frutos del esfuerzo colectivo movilicen a nuestra sociedad.
Participaron en esta pasantía la agrupación de teatro y artes escénicas Mujer, Arte y Locura, el cantor y poeta local Miguel Guajardo, el trovador radicado en Lonquimay Pablo Labrin, el actor, director de teatro y profesor Christopher Villalobos y la agrupación musical Música en mi Jardín.
Estuvimos en el estreno de la obra de la agrupación Mujer, Arte y Locura en Curacautín, donde nos dejamos sorprender por el talento de sus protagonistas y la profundidad de sus historias, relatos en primera persona sobre las alegrías y penas que acompañan a cada mujer.
Café literario organizado por los funcionarios de la Biblioteca Pública de Curacautín, donde la comunidad pudo compartir con escritores, poetas y artistas, dando lugar a un cálido encuentro que demuestra que una biblioteca es más que un conjunto de libros.
Presentación del trabajo realizado para el libro Antología Azul, compilación poética publicada por Ediciones LR, editorial vinculada a nuestra revista.
Esta obra recopila trabajos de 23 poetas de Chile, Argentina y Perú, reuniendo un variado conjunto de obras que dan cuenta de la nueva poesía surgida en este rincón del mundo.
Los vecinos del sector Rari Ruca dieron una muestra de compromiso y respeto por el medio ambiente: un gran ejemplo de lo que significa hacer comunidad.
Los entusiastas y comprometidos integrantes de la agencia de turismo sostenible Epu Pewen invitaron a Revista Las Raíces a una jornada de rafting en el río Cautín, en la Comuna de Curacautín.
Acompaña a Manuel Velásquez a vivir esta aventura y a conocer los hermosos paisajes de La Araucanía.
Algunos interesantes detalles sobre la historia de este ícono arquitectónico y turístico de la zona sur de Chile, una maravilla de la ingeniería que perdura hasta nuestros días.
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